Improvisando (III)
Capítulos I y II
Consideré seriamente la opción de escapar, empezaba a sentirme incómodo.
Luego recapacité y pensé que si realmente pensaba que mi misión en la vida
era hacer de este un mundo mejor debería empezar por tratar de ayudar a una
chavala que no conocía y que no mostraba interés por contarme lo que le
atormentaba. Supe que me arrepentiría si salía de ahí en ese momento. He de
admitir que no fue compasión, sino orgullo lo que me obligó a quedarme.
Cristina había vuelto a abrir el grifo y seguía duchándose. Sabía que por el
momento poco podía hacer por ella, así que decidí sentarme en una silla del
salón y seguir hojeando la revista. Acerqué la silla a la ventana y vi que
la lluvia no cesaba. La abrí un poco para ventilar la habitación y un fuerte
olor a tierra mojada se adueñó de ella. Por la calle solo pasaba
algún que otro coche con las luces encendidas y los limpiaparabrisas
puestos. Ningún peatón se dejaba ver, algo que no me sorprendió en absoluto
por el tiempo que hacía y la reputación de aquel barrio, que no era
precisamente el mejor de la ciudad.
Cuando por fin me iba a decidir a leer un artículo, levanté un momento la
mirada y vi tras la cortina echada casi por completo algo de lo que no me
percaté cuando entré en el piso. En el suelo, justo al lado de la cama había
una maleta de viaje. Desde el baño aún se oía el agua caer, por lo que
sigilosamente entré en el dormitorio y me acerqué a ella. La maleta estaba
abierta y parecía medio llena, a pesar de que la ropa no estaba muy bien
doblada. La principal hipótesis que me había creado cobraba más fuerza:
estaba huyendo de algo o de alguien. Eso me puso nervioso, por lo que traté
de tranquilizarme. No tenía por qué ser eso; el piso no tenía armarios y a
lo mejor no se le había ocurrido ningún otro sitio para dejar la ropa. O
quizás iba a ver a sus padres el próximo fin de semana y había decidido
apartar la ropa que se llevaría.
De repente me di cuenta de que la ducha ya no se oía. Me giré para volver al
salón antes de que fuera demasiado tarde y al hacerlo vi un cuerpo que
también giraba. Apunto estuve de pegar un grito, pero en el último momento
me di cuenta de que no se trataba más que de un espejo que me reflejaba. Me
sentí un poco ridículo y volví a sentarme en la silla que había dejado junto
a la ventana.
En vez de seguir leyendo me quedé pensando qué motivos podían llevar a una
persona a buscar la compañía, y quizás la ayuda de un desconocido. Llegué a
la conclusión de que debía de estar en una situación bastante desesperada en
la que ni siquiera podía pensar en las terribles consecuencias que podía
acarrear que su instinto le hubiese engañado y yo fuese un violador, o algo
peor. Eso hizo que me sintiera obligado a ofrecerle mi ayuda en lo que fuera
posible, y hacerle ver cuanto antes que era una persona en la que podía
confiar sin ningún problema.
Volví a levantarme y dejé la revista sobre la mesa, estaba claro que no iba a leer mucho esa noche. Me acerqué al baño y le pregunté si necesitaba algo, deseando que su voz tomara el cariz alegre que tenía cuando nos conocimos, hacía ya dos horas. Sonó apagada, pero fuerte y segura. Me dijo que saldría en un momento y que no me preocupara.
- ¿Sigues con frío? – Pregunté. – Puedo prepararte una sopa, un café, un vaso de leche o algo calentito.
En vez de responder abrió la puerta. Vista y olfato quedaron en ese momento totalmente hipnotizados. Solo llevaba puesto un albornoz blanco que, a pesar de no dejar entrever nada, remarcaba su figura de una manera sensual, sin llegar a ser provocativa. No sabría decir muy bien cuál era el olor que desprendía, pero podría haberme quedado inspirando su aroma eternamente. Quizás mis ojos se salieron de sus órbitas, pues se sonrojó un poco, sonrió y me dijo que iba a cambiarse (más bien a vestirse). Entró en la habitación, corrió la cortina por completo y yo me fui a la cocina para que tuviese más intimidad, a pesar de que aquélla era completamente opaca.
Encendí la luz y lo único que vi en ese momento fue un cuchillo de carnicero demasiado afilado para mi gusto que descansaba sobre una mesita.
Consideré seriamente la opción de escapar, empezaba a sentirme incómodo.
Luego recapacité y pensé que si realmente pensaba que mi misión en la vida
era hacer de este un mundo mejor debería empezar por tratar de ayudar a una
chavala que no conocía y que no mostraba interés por contarme lo que le
atormentaba. Supe que me arrepentiría si salía de ahí en ese momento. He de
admitir que no fue compasión, sino orgullo lo que me obligó a quedarme.
Cristina había vuelto a abrir el grifo y seguía duchándose. Sabía que por el
momento poco podía hacer por ella, así que decidí sentarme en una silla del
salón y seguir hojeando la revista. Acerqué la silla a la ventana y vi que
la lluvia no cesaba. La abrí un poco para ventilar la habitación y un fuerte
olor a tierra mojada se adueñó de ella. Por la calle solo pasaba
algún que otro coche con las luces encendidas y los limpiaparabrisas
puestos. Ningún peatón se dejaba ver, algo que no me sorprendió en absoluto
por el tiempo que hacía y la reputación de aquel barrio, que no era
precisamente el mejor de la ciudad.
Cuando por fin me iba a decidir a leer un artículo, levanté un momento la
mirada y vi tras la cortina echada casi por completo algo de lo que no me
percaté cuando entré en el piso. En el suelo, justo al lado de la cama había
una maleta de viaje. Desde el baño aún se oía el agua caer, por lo que
sigilosamente entré en el dormitorio y me acerqué a ella. La maleta estaba
abierta y parecía medio llena, a pesar de que la ropa no estaba muy bien
doblada. La principal hipótesis que me había creado cobraba más fuerza:
estaba huyendo de algo o de alguien. Eso me puso nervioso, por lo que traté
de tranquilizarme. No tenía por qué ser eso; el piso no tenía armarios y a
lo mejor no se le había ocurrido ningún otro sitio para dejar la ropa. O
quizás iba a ver a sus padres el próximo fin de semana y había decidido
apartar la ropa que se llevaría.
De repente me di cuenta de que la ducha ya no se oía. Me giré para volver al
salón antes de que fuera demasiado tarde y al hacerlo vi un cuerpo que
también giraba. Apunto estuve de pegar un grito, pero en el último momento
me di cuenta de que no se trataba más que de un espejo que me reflejaba. Me
sentí un poco ridículo y volví a sentarme en la silla que había dejado junto
a la ventana.
En vez de seguir leyendo me quedé pensando qué motivos podían llevar a una
persona a buscar la compañía, y quizás la ayuda de un desconocido. Llegué a
la conclusión de que debía de estar en una situación bastante desesperada en
la que ni siquiera podía pensar en las terribles consecuencias que podía
acarrear que su instinto le hubiese engañado y yo fuese un violador, o algo
peor. Eso hizo que me sintiera obligado a ofrecerle mi ayuda en lo que fuera
posible, y hacerle ver cuanto antes que era una persona en la que podía
confiar sin ningún problema.
Volví a levantarme y dejé la revista sobre la mesa, estaba claro que no iba a leer mucho esa noche. Me acerqué al baño y le pregunté si necesitaba algo, deseando que su voz tomara el cariz alegre que tenía cuando nos conocimos, hacía ya dos horas. Sonó apagada, pero fuerte y segura. Me dijo que saldría en un momento y que no me preocupara.
- ¿Sigues con frío? – Pregunté. – Puedo prepararte una sopa, un café, un vaso de leche o algo calentito.
En vez de responder abrió la puerta. Vista y olfato quedaron en ese momento totalmente hipnotizados. Solo llevaba puesto un albornoz blanco que, a pesar de no dejar entrever nada, remarcaba su figura de una manera sensual, sin llegar a ser provocativa. No sabría decir muy bien cuál era el olor que desprendía, pero podría haberme quedado inspirando su aroma eternamente. Quizás mis ojos se salieron de sus órbitas, pues se sonrojó un poco, sonrió y me dijo que iba a cambiarse (más bien a vestirse). Entró en la habitación, corrió la cortina por completo y yo me fui a la cocina para que tuviese más intimidad, a pesar de que aquélla era completamente opaca.
Encendí la luz y lo único que vi en ese momento fue un cuchillo de carnicero demasiado afilado para mi gusto que descansaba sobre una mesita.
18/08/2005 21:01 #.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Cris
Que sepas que espero el próximo capítulo en breve xq este me ha sabido a poco xD así que no te duermas en los laureles jaja muakasss
Fecha: 18/08/2005 21:25.
Autor: Elena
Ya era hora xD :p
Me alegro de que esta vez no hayas dejado a la pobre chica llorando, jeje
Espero con ansia la próxima entrega, que no das ni una pistita de quién la persigueeeeee ;)
besitosss
Me alegro de que esta vez no hayas dejado a la pobre chica llorando, jeje
Espero con ansia la próxima entrega, que no das ni una pistita de quién la persigueeeeee ;)
besitosss
Fecha: 21/08/2005 00:30.
![]()
Autor: LoReNa
Mi niño!!!Me parece una historia increible, y sabes q me encanta como escribes!Pero date prisa en terminarla pk intriga muchisimo y me muero por ver como sigue:) Eres el mejor;)))))
Besinesssss
Besinesssss
Fecha: 25/08/2005 15:38.

