Improvisando (IV)
(Capítulos I, II y III)
Tras ese rápido vistazo, intenté fijarme en todo detalle para conseguir desvelar más pistas acerca de la situación de Cristina. Siempre he criticado a todos aquellos que van de detectives sin serlo, pero era exactamente como estaba comportándome en aquel momento. De todos modos no conseguí averiguar mucho. Estaba recogida, limpia, sin platos sucios en la pila y excepto el cuchillo no había nada fuera de lugar, lo cual me hizo pensar que quizás no estuviese ahí para su uso normal, sino para defenderse. Bajo mi punto de vista no era un buen sitio para guardar un arma de defensa, pues podría volverse en tu contra en cualquier momento; por ejemplo, en ese mismo instante.
Así deambulaba mi mente cuando descorrió la cortina y apareció con unos pantalones vaqueros y una blusa azul añil. Empezaba a pensar que cualquier cosa que se pusiese le sentaría bien, pues hasta ahora así había sido, incluso con el albornoz. Sonrió y me dio las gracias por estar ahí ayudándola. Yo pensaba que no había hecho nada, y se lo hice saber, pero ella no opinaba igual.
- ¿Qué quieres tomar? – Me preguntó.
- No te molestes, he saciado mi sed en el bar.
- ¿Y hambre no tienes?
Volví a negar y me dijo que ella se tomaría un descafeinado bien caliente. Pensé que era un buen momento para empezar a saber qué hacía ahí, pero fue ella quien volvió a hablar.
- En los tiempos que corren, es difícil encontrar un chico que se ofrezca a llevarte a casa y luego acceda a quedarse sin pedir nada a cambio – me dijo.
- En realidad no me he ofrecido, me lo pediste tú.
Sonreí y, antes de que se molestara, seguí hablando.
- Aún así no te preocupes, no pretendo acostarme contigo ni nada por el estilo. – Tras otro silencio, añadí – No hay que ser muy inteligente para ver que algo te preocupa bastante… Si necesitas algo puedes contar conmigo, haré lo posible para ayudarte.
- No deberías ofrecerme tu ayuda sin saber ni siquiera qué ocurre, ¿no crees? Imagina que te pido que mates a alguien.
- Por eso mismo he dicho “haré lo posible”. Aunque realmente me es posible asesinar, mi conciencia me lo impediría, así que quedaría bien porque probablemente estuviese haciendo lo correcto y ni siquiera te habría mentido. Odio hacerlo.
Terminó de preparar el café y, tras ofrecerme de nuevo, fuimos al salón y nos sentamos. Estuvimos un rato contemplando nuestros rostros e intentando averiguar todo lo posible acerca del otro. Mientras me miraba se calentaba las manos rodeando la taza de café, que había eliminado el poco olor a tierra mojada que quedaba, sustituyéndolo por su suave aroma. Trató de sacar conversación un par de veces, pero fue en vano. Yo tampoco sabía qué decir, así que opté por mantener un rostro sonriente y amable. Intenté no mirarla fijamente a los ojos para que no se sintiera incómoda, pero me atraían demasiado. Eran aquellos que tantas veces había imaginado en mi chica ideal, una mirada por la que muchos chicos, yo entre ellos si no fuera por las circunstancias, se derretirían. De repente, dicha mirada se tornó seria, cogió el móvil, lo apagó y tras estudiar con detenimiento me dijo:
- ¿Estás seguro de que quieres saberlo? – Me preguntó.
- Completamente.
Tras una corta pausa, me dijo:
- La policía me tiene en busca y captura.
Tras ese rápido vistazo, intenté fijarme en todo detalle para conseguir desvelar más pistas acerca de la situación de Cristina. Siempre he criticado a todos aquellos que van de detectives sin serlo, pero era exactamente como estaba comportándome en aquel momento. De todos modos no conseguí averiguar mucho. Estaba recogida, limpia, sin platos sucios en la pila y excepto el cuchillo no había nada fuera de lugar, lo cual me hizo pensar que quizás no estuviese ahí para su uso normal, sino para defenderse. Bajo mi punto de vista no era un buen sitio para guardar un arma de defensa, pues podría volverse en tu contra en cualquier momento; por ejemplo, en ese mismo instante.
Así deambulaba mi mente cuando descorrió la cortina y apareció con unos pantalones vaqueros y una blusa azul añil. Empezaba a pensar que cualquier cosa que se pusiese le sentaría bien, pues hasta ahora así había sido, incluso con el albornoz. Sonrió y me dio las gracias por estar ahí ayudándola. Yo pensaba que no había hecho nada, y se lo hice saber, pero ella no opinaba igual.
- ¿Qué quieres tomar? – Me preguntó.
- No te molestes, he saciado mi sed en el bar.
- ¿Y hambre no tienes?
Volví a negar y me dijo que ella se tomaría un descafeinado bien caliente. Pensé que era un buen momento para empezar a saber qué hacía ahí, pero fue ella quien volvió a hablar.
- En los tiempos que corren, es difícil encontrar un chico que se ofrezca a llevarte a casa y luego acceda a quedarse sin pedir nada a cambio – me dijo.
- En realidad no me he ofrecido, me lo pediste tú.
Sonreí y, antes de que se molestara, seguí hablando.
- Aún así no te preocupes, no pretendo acostarme contigo ni nada por el estilo. – Tras otro silencio, añadí – No hay que ser muy inteligente para ver que algo te preocupa bastante… Si necesitas algo puedes contar conmigo, haré lo posible para ayudarte.
- No deberías ofrecerme tu ayuda sin saber ni siquiera qué ocurre, ¿no crees? Imagina que te pido que mates a alguien.
- Por eso mismo he dicho “haré lo posible”. Aunque realmente me es posible asesinar, mi conciencia me lo impediría, así que quedaría bien porque probablemente estuviese haciendo lo correcto y ni siquiera te habría mentido. Odio hacerlo.
Terminó de preparar el café y, tras ofrecerme de nuevo, fuimos al salón y nos sentamos. Estuvimos un rato contemplando nuestros rostros e intentando averiguar todo lo posible acerca del otro. Mientras me miraba se calentaba las manos rodeando la taza de café, que había eliminado el poco olor a tierra mojada que quedaba, sustituyéndolo por su suave aroma. Trató de sacar conversación un par de veces, pero fue en vano. Yo tampoco sabía qué decir, así que opté por mantener un rostro sonriente y amable. Intenté no mirarla fijamente a los ojos para que no se sintiera incómoda, pero me atraían demasiado. Eran aquellos que tantas veces había imaginado en mi chica ideal, una mirada por la que muchos chicos, yo entre ellos si no fuera por las circunstancias, se derretirían. De repente, dicha mirada se tornó seria, cogió el móvil, lo apagó y tras estudiar con detenimiento me dijo:
- ¿Estás seguro de que quieres saberlo? – Me preguntó.
- Completamente.
Tras una corta pausa, me dijo:
- La policía me tiene en busca y captura.
24/08/2005 11:47 #.
Comentarios » Ir a formulario
Autor: Cris
Ya sabes lo que voy a decir pero aún así lo diré:
¡vete escribiendo improvisando V jajaj!
¡vete escribiendo improvisando V jajaj!
Fecha: 24/08/2005 21:26.
Autor: Elena
Qué jodío, cómo te gusta hacernos sufrir dejando esos finales intrigantes... jejeje. Pero mooolan
¿Quieres críticas constructivas? Pues ahí van (bueno, no estoy segura de que sean constructivas, ni siquiera estoy segura de que seam críticas, pero es que si no lo digo reviento xD):
¿por qué en los cuentos, pelis, relatos... siempre las tías tienen ojazos? Jo si el 90% de los españolitos los tenemos marrón caca xD yo quiero unos de esossss.
QUEREMOS IMPROVISANDO v, ¡¡YA!!
¿Quieres críticas constructivas? Pues ahí van (bueno, no estoy segura de que sean constructivas, ni siquiera estoy segura de que seam críticas, pero es que si no lo digo reviento xD):
¿por qué en los cuentos, pelis, relatos... siempre las tías tienen ojazos? Jo si el 90% de los españolitos los tenemos marrón caca xD yo quiero unos de esossss.
QUEREMOS IMPROVISANDO v, ¡¡YA!!
Fecha: 25/08/2005 18:14.

