Improvisando (XII)
(Capítulo XI)
A la mañana siguiente, me desperté temprano. Conseguí levantarme de la cama sin que se diera cuenta, aunque no pude resistir la tentación de besarla en la frente. Mientras me preparaba el desayuno, mi mente empezó a buscar posibles soluciones a la situación actual, pero Cristina se levantó antes de que pudiera encontrar alguna. Iba a saludarla, pero me dejó con la palabra en la boca.
- Espero que no malinterpretaras lo que pasó anoche.
Como saludo era distinto al que esperaba. Y como información, era insuficiente. Su rostro estaba serio, y no sabía si era porque aún no sabía dónde pasaría la noche, o porque quizás mi actitud podía considerarse reprochable. Por suerte o por desgracia, ella fue más rápida que yo y me dijo:
- Me pareces un chico estupendo, y te estoy muy agradecida por las molestias que te estás tomando. Anoche estaba falta de cariño y comprensión, pero estoy segura de que entiendes que ahora mismo no puedo pensar en otra cosa que en mi madre.
- Te entiendo perfectamente; solo espero que no pienses que me aproveché de ti o algo por el estilo.
- No te preocupes por eso ahora, tenemos cosas más importantes en las que pensar.
Como respuesta hubiese preferido un no rotundo, me sentía un poco incómodo y confiaba en que no me tomara por un desaprensivo, así que opté por cambiar de conversación.
- ¿Qué quieres desayunar? - Le pregunté
- No te preocupes, no suelo desayunar nada. ¿Has pensado en algo?
Fue entonces cuando lo comprendí. Se sentía bastante incómoda, no quería parecer un estorbo y confiaba en poder volver pronto a su piso para no molestarme.
- Pues verás, creo que podré sacar el dinero del banco. - Le contesté.
- Eso sería estupendo. Muchísimas gracias, te lo devolveré en cuanto pueda, te lo aseguro. Mi madre estará fuera pronto y no tendrás que saber de mí de nuevo.
De repente, se me ocurrió una mejor manera de ayudarla.
- ¿Cuál es la fianza de tu madre?
- 500 €. La verdad es que no lo entiendo. Tanto que dicen que van a endurecer la ley y ya ves. Si mi madre no estuviera tan sola ya estaría fuera... Esta vez me alegro de que sea así, pero miedo me da que cuando mi padre reciba su merecido lo tenga tan fácil, pero nada me hace pensar lo contrario.
- No te preocupes, la ley es distinta para los hombres. ¿Y si en vez de 250 € te dejara 500?
- El problema es que no puedo aparecer por comisaría.
- Tú no, pero yo sí...

