Improvisando (XIII)

Se quedó callada, sin saber qué decir.

- Supongo que tu madre habrá pensado algo para cuando salga. Puedo sacarla de ahí y decirle dónde te encuentras.

- Sí, quizás...

Había algo que no le terminaba de convencer.

- ¿No te parece una buena idea? - Le pregunté. No sabía qué podía estar fallando ahora.

- Si tú sacas a mi madre de prisión, mi padre se enterará.

- Bueno, pero él no me conoce.

- Si quisiera, podría dar contigo sin problema. Y no me lo perdonaría, no sería justo.

- Pero ¿qué crees que podría hacerme?

- No lo sé. La verdad es que ya no sé qué pensar de él. Me espero cualquier cosa.

Me hizo dudar. No me importaba prestarle el dinero porque tenía la sensación de que me lo devolvería. Además, quería salir del embrollo lo antes posible por razones obvias. Sin embargo, enfrentarme a una persona que había conseguido encerrar a su mujer y hacer que su hija se convirtiera en fugitiva, era una idea que no terminaba de convencerme.

- ¿Y qué podemos hacer entonces? - Le pregunté. Aunque te dejara el dinero del alquiler, durante dos semanas tendrías que alimentarte.

Parece increíble, pero por su expresión noté que era algo en lo que ella no había caído. Al parecer su idea de dejarme en paz cuanto antes y aguantar dos semanas más se desmoronaba por momentos. Tras un momento de silencio, me dijo:

- Es que me da miedo pensar que mi madre no tiene ningún plan para cuando salga. Ahora, al menos, durante dos semanas tiene una seguridad que tal vez no tendría cuando saliese.

Justo al terminar la frase, se dio cuenta de la dureza de sus palabras. Se vino abajo y no pudo reprimir unas lágrimas. Sinceramente, si el hecho de estar en prisión mejora tu situación, es para echarse a temblar. Entonces, se me ocurrió:

- ¿Y si voy a hablar con tu madre? Estoy seguro de que le alegrará tener noticias tuyas, aunque sea por mí. Puedo contarle la situación y, si tiene algún plan, sacarla de allí.

El problema de agarrarse a un clavo ardiendo es que no sabes si puedes confiar en él o no. Me di cuenta de que le atormentaba, al igual que la noche anterior, que fuera a huir. Pensaba que le iba a hacer ver que me dirigía a la cárcel cuando, en realidad, simplemente me dedicaba a desaparecer por fin de su vida. Yo lo entendía, pero no me agradaba el hecho de que no se atreviera a confiar en mí. Y, por supuesto, no quería que se quedara sola en mi casa.

11/07/2006 00:22 Autor: gelmir. #.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario

*

*
No será mostrado.


*

* Datos requeridos.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.