(Capítulos I, II, III, IV, V, VI y VII )
- ¿Que arrestaron a tu madre? ¿Por qué?
- Por lo que se ve, mi padre le había dado la vuelta a la tortilla. Viendo lo que le podía ocurrir, decidió pasar a la acción y denunciar a mi madre por maltrato psicológico. Tuvo la poca vergüenza de decir que llevaba años soportando humillaciones por su parte y permitiendo que le insultara por mí: temía que por el carácter tan agresivo de mi madre pudiese sucederme algo. Sin embargo, cuando se dio cuenta de que habíamos desaparecido, pensó que yo estaba en verdadero peligro y se vio obligado a sacar a la luz toda la verdad.
- Increíble.
- Ya, bueno, dímelo a mí. El caso es que yo me puse histérica. Empecé a gritar que todo eso no era cierto, que era justamente al contrario, que mi padre era el culpable de todo... Mi madre no aguantó más y se echó a llorar; al verla así, a mí se me partió el corazón y...
- ¿Y qué? - Pregunté súbitamente. Estaba asustado porque me había dado cuenta de que su voz empezaba a temblar, pero necesitaba conocer el final de la historia.
- Fui corriendo hacia mi madre e intenté apartarla de los policías que la habían esposado. Sin embargo, otros dos se interpusieron en mi camino y me pararon. Yo estaba muy nerviosa, chillando y llorando. No sabía lo que hacía. Sin saber muy bien cómo, le quité la pistola a uno de ellos. Y a pesar de no haber manejado nunca ninguna, fui capaz de disparar.
Llegado a ese punto, se derrumbó. Cerró los ojos e inspiró profundamente para intentar serenarse, pero no lo consiguió y se puso a llorar. Yo no sabía qué hacer: estaba escuchando una terrible historia de una desconocida que pretendía que la ayudara. La abracé para intentar hacerle sentir protegida, y dejé que se desahogara sobre mis hombros. Pasados unos minutos, se calmó, me dio las gracias e intentó continuar. Yo le dije que si no hacía falta, que se tomara un respiro y que no se preocupara. Al no conocerla de nada, no sabía muy bien cómo consolarla. Así que me quedé mirándola a los ojos y tratando de sonreír, a pesar de que por dentro empezaba a temerme lo peor. De todos modos, se recompuso en seguida y terminó de contarme lo sucedido.
- El disparo no alcanzó a nadie, afortunadamente. Presa del pánico, y viendo que no podía hacer nada por mi madre, salí corriendo porque intuía lo que me podía pasar a continuación. No consiguieron alcanzarme, pero ahora oficialmente he tratado de disparar a un agente de seguridad, y me están buscando para detenerme desde hace un mes. Solo tú sabes que estoy aquí, o eso espero.
- ¿Y tu madre está en la cárcel?
- Sí. No sé muy bien cómo fue todo, porque como comprenderás no puedo ir a visitarla. La condenaron por seis semanas, y tampoco he podido ir a pagar la fianza. Además, mi padre amenazó a su amiga y ella no se ha atrevido a hacer nada. Yo podría ir para pagar, pero entonces me detendrían a mí y sé que mi madre se moriría. Ya "solo" le quedan dos semanas ahí. Espero que ella sepa qué hacer, porque a mí lo único que se me ocurre es huir.
Tras oír toda la historia, en mi fuero interno había muchas preguntas, pero en concreto una que no pude evitar hacer. Puedes llamarlo egoísmo, si quieres.
- ¿Y qué puedo hacer yo?
- Alquilé este cuchitril por un mes, y tengo que dejarlo mañana. No sé adónde ir.