Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2006.

Improvisando (X)

(Capítulos I, II, III, IV, V, VI , VII, VIII y IX

La verdad es que sí me importaba, pero no podía decirle que me era imposible e irme sin más. De repente, tuve una idea.

- ¿Cuánto te cuesta el alquiler?

- 250 € - respondió, casi sin saber qué pensar.

- Podemos hacer una cosa: esta noche todavía puedes quedarte aquí. Si mañana he conseguido el dinero te lo traigo. Si no... No sé, supongo que esa noche podrías quedarte en mi casa... Pensaríamos algo.

- ¿Podrías dejarme el dinero? Te prometo devolverlo, aunque para ello tenga que trabajar como una negra.


- No lo dudes – le respondí, mientras sonreía para que viera que no iba completamente en serio. Mi situación económica es  un tanto desahogada, me lo podía permitir, aunque no sabía si podía disponer de tanto dinero en tan poco tiempo.

- ¿Te parece bien que me pase sobre la hora de comer entonces?

Se hundió por completo. Toda la esperanza que había depositado en mí se le fue, mientras me dijo apenada:

- ¿Te vas ya?

Me impactó un poco su reacción, pero pensaba que por el momento poco más podía hacer.

- Sí, bueno... Cuanto antes me acueste, antes me levantaré y más probable será conseguir el dinero.

Estaba a punto de romper a llorar. Con la voz más triste que he escuchado en mi vida, me dijo:

- No vas a volver, ¿verdad? Saldrás por esa puerta y no volveré a saber de ti.

De pronto lo entendí todo. Podía parecer que le estaba dando largas, mientras pensaba en cómo salir de ahí lo más rápidamente. En realidad no se me había ocurrido, pero en cuanto me lo dijo, tengo que admitirlo, lo pensé. No me costaba nada darle falsas esperanzas y huir. El problema es que su precaria situación seguiría igual aunque yo me desentendiera por completo. Es más, podía incluso empeorar, así que intenté sonar todo lo creíble en mi respuesta.

- Claro que volveré. Tienes mi palabra. No puedo lavarme las manos de esta manera, no me lo permitiría.

Con lágrimas en los ojos, me contestó:

- Supongo que tendré que creerte, no me queda otra. Si finalmente vienes mañana te pediré perdón por mi desconfianza.

Si hay algo que no soporto es ver caer en la desesperación a una chica. Es superior  a mis fuerzas.

- ¿Y qué puedo hacer para que no lo pases mal hasta que volvamos a vernos? No puedo quedarme aquí, no estaríamos cómodos.

- ¿Y en tu casa sí lo estaríamos?

02/07/2006 19:49 Autor: gelmir. #. Hay 3 comentarios.

Improvisando (XI)

(Capítulos I, II, III, IV, V, VI , VII, VIII, IX y X)

 

Definitivamente, no quería quedarse a solas esa noche. Llámame prepotente, pero me dio por pensar que a lo mejor todo lo que me había contado no era más que un cuento para llevarme a la cama.

A pesar de que no me hacía gracia convertirme en cómplice y esconder a una chica perseguida por la ley, no se me ocurrió otra solución. Lo quisiera o no ya era parte activa de la historia, y mis propias decisiones influirían bastante en su futuro. Finalmente le sonreí y le dije que cogiera lo que necesitara. Me dio las gracias, me abrazó y me besó en la mejilla. Mientras recogía tuve tiempo de pensar un poco, pero no conseguí nada: por un lado, buscaba una manera de ayudarla, pero por otro intentaba escabullirme. No tuve mucho tiempo para idear nada, pues no tenía mucho que recoger y a los cinco minutos ya nos dirigíamos hacia mi casa.

El tiempo era excelente. Tras la lluvia, se notaba el aire más puro y daba gusto pasear por la calle. Además, a esas horas ningún coche se atrevía a romper el silencio que se había adueñado del lugar. Nosotros tampoco hablamos durante los cinco minutos que estuvimos caminando. Cuando me paré en el portal y saqué la llave, me detuvo la mano, me hizo mirarla a los ojos, y me dijo:

- Siento mucho haberte obligado a hacer esto. Si bien es verdad que hace unos momentos te veía como mi única posibilidad, me he dado cuenta de que odiaría a quien me pusiera en tu lugar. No tienes que hacer esto si no quieres, de verdad. Puedo irme por donde he venido y no tendrás que sentirte culpable por nada.

Yo ya había tomado una decisión. La ayudaría mientras me fuera posible y mi propia integridad no estuviera en peligro, así que por respuesta me limité a sonreír, abrí y dejé que entrara. Ella sonrió, entró y se quedó esperando sin saber muy bien qué hacer. Como la veía un poco cortada, le cogí de la mano y la llevé a mi habitación, diciéndole que dormiría ahí, y yo me quedaría en la de mis padres.

- ¿Quieres tomar algo? - Le pregunté. Negó con la cabeza, y supuse que sería mejor dar el día por finalizado, pues por la mañana tendríamos la mente más fresca y sabríamos mejor qué hacer. Estaba un poco preocupado por meter a una completa desconocida en casa, pero luego pensé que lo único que había de valor estaba en la habitación de mis padres, y yo estaría custodiándolo.

- Será mejor que te acuestes, debes estar cansada. Si necesitas algo, ya sabes dónde encontrarme, no dudes en despertarme si hace falta. Y no te preocupes, ya verás como todo va a salir bien.

La abracé y la besé en el pelo, como si fuéramos amigos de toda la vida. Ella me sonrió y noté que sus ojos volvían a brillar como cuando nos conocimos. Le dije que iba a tomarme un vaso de leche y luego me acostaría también. Cogí un pijama y mis zapatillas y la dejé sola.
Antes de acostarme, decidí ponerme a leer un poco. No quería dormirme hasta comprobar que Cristina lo hacía o, al menos, lo intentaba. Estaba a punto de dejarme vencer por el sueño cuando la vi aparecer. Llevaba un pijama de seda verde, y estaba descalza. Era la cuarta indumentaria que le había visto y, definitivamente, sabía cómo estilizar su figura. Incluso con un simple pijama resultaba realmente atractiva.

- ¿Necesitas algo? - Le pregunté. Ella se limitó a sonreír mientras se acercaba hacia mí. Se sentó en la cama, me cogió de las manos, cerró los ojos y me besó. Durante un instante me pregunté si era su manera de agradecerme la ayuda que le estaba prestando, pues de ser así, por mucho que quisiera continuar, moralmente me vería obligado a apartarme de ella. Sin embargo, mientras me besaba tan dulce y apasionadamente me di cuenta de que no era esa su intención, por lo que me dejé llevar por mis instintos. La abracé, le acaricié el pelo y lentamente fui recorriendo su cuerpo con mis labios. Pulgada a pulgada, notaba cómo le hacía estremecerse, y poco a poco nuestras piernas se entrelazaron de tal manera que nuestros cuerpos acabaron fundidos en uno. Y así, tan abrazados que era difícil descubrir dónde acababa un cuerpo y comenzaba el otro, dejamos que pasara nuestra primera y última noche juntos.

07/07/2006 15:48 Autor: gelmir. #. Hay 2 comentarios.

Anoche

Querido blog:

Anoche estuve hasta las 2:30 hablando con una amiga y diciéndole que todos los hombres somos iguales (estaba hablando con su ex), mientras le decía a un amigo que todas las mujeres son iguales (estaba hablando con su acosadora).

Esto de estar de vacaciones y no tener que pensar "mañana me tengo que levantar temprano, debería estar durmiendo ya" mola. Y ver que eres útil también mola. Y estar conectado hasta las tantas mientras ves una y otra vez que finalmente te han aprobado control, ni te cuento. 

08/07/2006 16:35 Autor: gelmir. #. Hay 2 comentarios.

Improvisando (XII)

(Capítulo XI

A la mañana siguiente, me desperté temprano. Conseguí levantarme de la cama sin que se diera cuenta, aunque no pude resistir la tentación de besarla en la frente. Mientras me preparaba el desayuno, mi mente empezó a buscar posibles soluciones a la situación actual, pero Cristina se levantó antes de que pudiera encontrar alguna. Iba a saludarla, pero me dejó con la palabra en la boca.

- Espero que no malinterpretaras lo que pasó anoche. 

Como saludo era distinto al que esperaba. Y como información, era insuficiente. Su rostro estaba serio, y no sabía si era porque aún no sabía dónde pasaría la noche, o porque quizás mi actitud podía considerarse reprochable. Por suerte o por desgracia, ella fue más rápida que yo y me dijo:

- Me pareces un chico estupendo, y te estoy muy agradecida por las molestias que te estás tomando. Anoche estaba falta de cariño y comprensión, pero estoy segura de que entiendes que ahora mismo no puedo pensar en otra cosa que en mi madre. 

- Te entiendo perfectamente; solo espero que no pienses que me aproveché de ti o algo por el estilo.

- No te preocupes por eso ahora, tenemos cosas más importantes en las que pensar. 

Como respuesta hubiese preferido un no rotundo, me sentía un poco incómodo y confiaba en que no me tomara por un desaprensivo, así que opté por cambiar de conversación.

- ¿Qué quieres desayunar? - Le pregunté 

- No te preocupes, no suelo desayunar nada. ¿Has pensado en algo?

Fue entonces cuando lo comprendí. Se sentía bastante incómoda, no quería parecer un estorbo y confiaba en poder volver pronto a su piso para no molestarme. 

- Pues verás, creo que podré sacar el dinero del banco. - Le contesté.

- Eso sería estupendo. Muchísimas gracias, te lo devolveré en cuanto pueda, te lo aseguro. Mi madre estará fuera pronto y no tendrás que saber de mí de nuevo. 

De repente, se me ocurrió una mejor manera de ayudarla.

- ¿Cuál es la fianza de tu madre? 

- 500 €. La verdad es que no lo entiendo. Tanto que dicen que van a endurecer la ley y ya ves. Si mi madre no estuviera tan sola ya estaría fuera... Esta vez me alegro de que sea así, pero miedo me da que cuando mi padre reciba su merecido lo tenga tan fácil, pero nada me hace pensar lo contrario.

- No te preocupes, la ley es distinta para los hombres. ¿Y si en vez de 250 € te dejara 500? 

- El problema es que no puedo aparecer por comisaría.

- Tú no, pero yo sí...

10/07/2006 00:56 Autor: gelmir. #. Hay 1 comentario.

Improvisando (XIII)

Se quedó callada, sin saber qué decir.

- Supongo que tu madre habrá pensado algo para cuando salga. Puedo sacarla de ahí y decirle dónde te encuentras.

- Sí, quizás...

Había algo que no le terminaba de convencer.

- ¿No te parece una buena idea? - Le pregunté. No sabía qué podía estar fallando ahora.

- Si tú sacas a mi madre de prisión, mi padre se enterará.

- Bueno, pero él no me conoce.

- Si quisiera, podría dar contigo sin problema. Y no me lo perdonaría, no sería justo.

- Pero ¿qué crees que podría hacerme?

- No lo sé. La verdad es que ya no sé qué pensar de él. Me espero cualquier cosa.

Me hizo dudar. No me importaba prestarle el dinero porque tenía la sensación de que me lo devolvería. Además, quería salir del embrollo lo antes posible por razones obvias. Sin embargo, enfrentarme a una persona que había conseguido encerrar a su mujer y hacer que su hija se convirtiera en fugitiva, era una idea que no terminaba de convencerme.

- ¿Y qué podemos hacer entonces? - Le pregunté. Aunque te dejara el dinero del alquiler, durante dos semanas tendrías que alimentarte.

Parece increíble, pero por su expresión noté que era algo en lo que ella no había caído. Al parecer su idea de dejarme en paz cuanto antes y aguantar dos semanas más se desmoronaba por momentos. Tras un momento de silencio, me dijo:

- Es que me da miedo pensar que mi madre no tiene ningún plan para cuando salga. Ahora, al menos, durante dos semanas tiene una seguridad que tal vez no tendría cuando saliese.

Justo al terminar la frase, se dio cuenta de la dureza de sus palabras. Se vino abajo y no pudo reprimir unas lágrimas. Sinceramente, si el hecho de estar en prisión mejora tu situación, es para echarse a temblar. Entonces, se me ocurrió:

- ¿Y si voy a hablar con tu madre? Estoy seguro de que le alegrará tener noticias tuyas, aunque sea por mí. Puedo contarle la situación y, si tiene algún plan, sacarla de allí.

El problema de agarrarse a un clavo ardiendo es que no sabes si puedes confiar en él o no. Me di cuenta de que le atormentaba, al igual que la noche anterior, que fuera a huir. Pensaba que le iba a hacer ver que me dirigía a la cárcel cuando, en realidad, simplemente me dedicaba a desaparecer por fin de su vida. Yo lo entendía, pero no me agradaba el hecho de que no se atreviera a confiar en mí. Y, por supuesto, no quería que se quedara sola en mi casa.

11/07/2006 00:22 Autor: gelmir. #. No hay comentarios. Comentar.

Improvisando (XIV)

(Capítulos I, II, III, IV, V, VI , VII, VIII, IX, X, XI, XII XIII )

- Entiendo que tengas miedo – le dije. Pero creo que me he ganado tu confianza. Tú vete a tu piso, yo iré a ver a tu madre, y en cuanto acabe iremos a verte. No te preocupes, estoy seguro de que todo saldrá bien.

Accedió. No estaba muy convencida, pero tampoco tenía otra opción, así que decidió que lo único que podía hacer era mantener la esperanza, y lógicamente me pidió que me diera prisa. Justo antes de separarnos por primera vez desde que nos conocimos, me dijo:

- Muchas gracias por todo. Si no te vuelvo a ver, te agradezco que al menos me ayudaras a desahogarme anoche. Te estaré esperando en mi piso.

- Una cosa más, ¿cómo se llama tu madre?

- María del Carmen Fernández. Dile que somos viejos amigos, que estoy estupendamente y que la quiero un montón. Intenta darle la esperanza que me has dado a mí, por favor.

- Descuida, esta no es la última vez que nos vemos.

Por despedida, me dedicó una sonrisa que no ocultaba su triste mirada. Observé cómo caminaba lentamente hacia su destino, cabizbaja, lo cual hizo que me aligerara para poder darle una alegría lo antes posible. Se me hizo bastante corto el camino, pues estuve pensando en todo momento qué podía decirle a aquella mujer.

Al llegar a la cárcel de mujeres, pregunté por ella y me condujeron hasta su celda, tras el proceso rutinario. A pesar de su evidente estado de abatimiento, pude ver que tenía los mismos rasgos que su hija, aquellos que habían conseguido atraparme por completo. Apenas reaccionó cuando me dirigí a ella.

- Disculpe, ¿María del Carme Fernández?

- Sí, soy yo.

- Verá... Soy un amigo de su hija. Me ha pedido que venga a verla porque ella no puede visitarla.

- El hecho de nombrarla hizo que su expresión cobrara más fuerza.

- Dios mío, dime cómo está Cristina. ¿Se encuentra bien?

- Sí, sí, no se preocupe. Se desvive por averiguar cómo salir de esta situación. Me lo ha contado todo, y me he ofrecido a venir a verla, porque está bastante preocupada por usted.

- Muchas gracias, hijo. Dile que estoy bien, que no se preocupe. Ya me queda poco para salir de aquí, y en cuanto lo haga comenzaremos una nueva vida.

- ¿Tiene algún plan entonces?

- Sí. Durante todo este mes no he pensado en otra cosa. Un exnovio mío es abogado, y en cuanto pueda iré a verlo. Estoy segura de que no tendrá inconveniente en ayudarme. Además, antiguos compañeros de la universidad me ofrecieron trabajo hace poco. Tendremos que irnos fuera de la ciudad, espero que a mi hija no le importe.

Me produjo un gran alivio escuchar aquello. Empezaba a ver la luz al final del túnel.

- Estoy seguro de que le da igual dónde estar con tal de que usted se encuentre a su lado. Creo que tengo una buena noticia, y es que puedo sacarla de aquí ahora mismo.

- ¿Lo dices en serio? ¿Cristina ha conseguido el dinero?

- Se lo han prestado. Tiene que devolverlo, pero no de manera urgente.

- Dios mío, es maravilloso. Muchas gracias por ayudarnos. ¿Sabes dónde se encuentra?

- Sí, descuide. La sacaré de aquí y le llevaré junto a ella.

La verdad es que fue más fácil de lo que había imaginado. Tuve que dar todos mis datos, y no sabía hasta qué punto serían accesibles por el causante de todo esto, pero en ese momento no me preocupaba mucho. Me di cuenta de que la madre estaba aún más desesperada, pues en ningún momento dudó de mis palabras, si bien es verdad que no tenía mucho sentido que yo fuera un súbdito de su marido.

La reacción de ambas mujeres al poder volver a contemplarse fue algo indescriptible. Estuvieron cerca de diez minutos abrazadas, llorando a cántaros. Yo me acerqué a la ventana para que tuvieran un poco de intimidad. Tras unos largos minutos, María del Carmen llamó a información para contactar con el abogado, y mientras Cristina se acercó a mí, con lágrimas en los ojos, y me dijo.

- Gracias.

Quería seguir hablando, pero la emoción se lo impidió. Yo me limité a sonreír, la abracé y dejé que se desahogara. Me sentía muy contento por haber podido ayudarla, y me di cuenta de que todos aquellos sentimientos que había conseguido despertarme en doce horas, ahora se unían para formar solo uno, más fuerte y poderoso que todos los demás.

 

Epílogo


Estuve dos meses sin saber nada de ella. Dos meses recordando en todo momento la noche que pasamos juntos, deseando poder volver a acariciar su cuerpo, mirarla a los ojos y decirle “te quiero” A pesar de que cuando nos despedimos intercambiamos nuestros números, ella me dijo que se pondría en contacto conmigo, y me pidió que no la llamara porque no sabía dónde estaría.

Cada día tenía que reprimir mis ganas de hablar con ella. Ni siquiera podía mandarle un mensaje, lo cual me estaba empezando a matar por dentro. Tras aquellas mil cuatrocientas cuarenta horas interminables, recibí una llamada suya. Quedamos en el bar en el que nos conocimos. A pesar de llegar temprano, ella ya estaba ahí esperándome. Estaba aún más guapa de como la recordaba, y consiguió que mi corazón diera un vuelco al verla. Tras los dos besos de rigor, me invitó a una cerveza y nos sentamos.

- Antes de nada, siento haber tardado tanto en dar señales de vida. Te he traído el dinero, y quiero que sepas que te estaré eternamente agradecida. Nunca olvidaré lo que hiciste por mí.

- ¿Cómo os va todo?

- Muy bien, la verdad. Estamos en Málaga. Mi madre tiene un buen trabajo, y yo estoy de camarera en un bar. El año que viene seguiré la carrera ahí. El ex de mi madre es una persona maravillosa. Nos ayudó a pesar de que no podíamos pagarle, y aunque mi padre está en libertad, tiene una orden de alejamiento y no hemos sabido nada de él desde que dejamos Sevilla. Además, a mí ya no me buscan. Y estoy muy contenta porque nunca había visto a mi madre tan feliz.

- Me alegro mucho por vosotras.

- No sé qué habría pasado de no ser por tu ayuda. Y quiero que sepas que si alguna vez necesitas algo, estaré encantada de saldar mi deuda.

- No te preocupes. No tienes ninguna deuda que saldar.

La miré fijamente a los ojos, le cogí de las manos y, al igual que dos meses atrás, supo leerme el pensamiento. Antes de que pudiera decir nada, me dijo.

- He conocido a un chico estupendo en el bar. Estamos muy bien y mi madre lo adora. Sé que tú eres un chico estupendo y serías capaz de hacerme muy feliz, pero nunca he sabido mantener una relación a distancia, y la verdad es que esta ciudad no me trae buenos recuerdos.

Lo siento.

Me partió el corazón. El momento que había estado esperando durante tanto tiempo había llegado, y ahora se iba sin que yo pudiera remediarlo. A pesar de todo, logré recomponerme, y estuvimos charlando acerca de aquellos dos meses. Luego se tuvo que ir a coger el tren, pero no me permitió acompañarla, por lo que nos abrazamos, me volvió a dar las gracias y se fue. Yo me quedé en el bar, con el botellín de cerveza en la mano y la mirada fija en la puerta. Tras media hora en la misma posición, me di cuenta de que no volvería, y justo cuando me iba a ir, empecé a sentirme observado. Me di la vuelta, y vi que en mi mesa preferida, aquella de la esquina en la que podías pasar totalmente desapercibido, una chica de ojos verdes no dejaba de mirarme.

 


11/07/2006 22:44 Autor: gelmir. #. Hay 1 comentario.

No ha podido ser

Querido blog:

Finalmente, he suspendido 4 aprobado 7 de 11. Hoy he recibido dos varapalos seguidos y poco esperados, así que ahora estoy muy jodido. Voy a tener que estudiar un huevo en agosto, y me jode porque creo que ha sido un resultado muy injusto. Sin embargo, de nada sirve lamentarse. 

Mañana me voy a Dubai. Voy a disfrutar todo lo posible estas dos semanas, y luego me pondré a estudiar, y estaré feliz porque Cocolo estará conmigo. Espero que vuelvan las cenitas, los bañitos y los batidos.

Siento despedirme así, pero hoy estoy muy decepcionado, no puedo evitarlo. Espero volver más contento, aunque el regreso sin mi hermana va a ser duro, muy duro... 

12/07/2006 21:49 Autor: gelmir. #. Hay 1 comentario.

Back

Querido blog:

Por poquito, pero ya estoy en casa.

Eso sí, nuestro equipaje aún sigue de vacaciones... 

26/07/2006 02:09 Autor: gelmir. #. No hay comentarios. Comentar.

Llegaron

Querido blog:

Las maletas han llegado ya también. Menuda odisea...

Fíjate por dónde, no me apetece contártela. 

27/07/2006 23:00 Autor: gelmir. #. Hay 1 comentario.

A estudiar

Querido blog:

Mañana pretendo empezar a estudiar. Tengo que aprobar cuatro asignaturas y la verdad es que creo que son demasiadas, pero volveré a tomármelo como un reto.  

30/07/2006 23:57 Autor: gelmir. #. Hay 1 comentario.


Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.