Desvaríos mentales
Se abrigó bien y salió de su casa. A pesar de ser una noche de invierno, se dio cuenta de que no hacía mucho frío, y que sería un momento estupendo para pasear, así que cuando tiró la basura, en vez de volver, siguió caminando, mientras observaba a los demás transeúntes. En primer lugar se cruzó con un grupo de jóvenes cargados con bolsas oscuras, en las que se adivinaban botellas de alcohol, hielo y vasos. Eran tres chicos y cinco chicas. Parecían muy contentos y con muchas ganas de fiesta; pensó que no serían universitarios, ya que si no estarían de exámenes y tendrían que estudiar. Después pensó que bien podrían serlo: no todos se enclaustraban en su casa y se tiraban sin salir durante esa época. Posteriormente se cruzó con una pareja de unos cuarenta y tantos. Iban cogidos de la cintura y hablando tranquilamente. Pensó que hacían muy buena pareja, y le dirigió una sonrisa a la mujer cuando sus miradas se cruzaron.
Siguió caminando hacia donde le llevaban los pies, avenida abajo. Un chaval que tendría más o menos su edad le adelantó: iba escuchando música y caminaba deprisa, por lo que intuyó que habría quedado y no iba muy bien de tiempo. Al ver al chaval con los cascos se dio cuenta de que se había dejado su reproductor en casa. Era obvio, pues tan solo había salido a tirar la basura. Aunque siempre salía con él, esta vez no lo echó en falta, quería tener su mente lo más libre posible, y para ello lo mejor era el silencio.
Tras diez minutos en la misma dirección, se dio cuenta de que se estaba adentrando en una zona bastante poco iluminada y en la que no se atisbaba un alma, por lo que decidió variar su rumbo. Cuando se disponía a cruzar la calle, escuchó un grito detrás de él. Se volvió intuitivamente, y vio cómo una figura corría hacia él con un bolso en la mano que, seguramente, no sería suyo, por lo que sin pensarlo dos veces, zancadilleó al ladrón cuando lo tuvo a su alcance y este cayó. Rápidamente, cogió el bolso, se dirigió hacia la dueña y se lo devolvió, diciéndole que se diera prisa por si el hombre se levantaba. Ella le dio las gracias, muy nerviosa, y le pidió que la acompañara hacia una zona un poco más segura, a lo que él accedió.
Se dirigieron hacia el centro comercial más cercano, pero no hablaron nada durante el trayecto. Ella temblaba de miedo, debido al susto que acababa de pasar, mientras que él había salido para despejar su mente tras un largo día de estudio, y no sabía muy bien qué decir. Tampoco le apetecía mucho hablar. Estaba pensando en que se volvería a casa cuando dejara a su acompañante en su destino, pues mañana debía madrugar de nuevo. Nada le hacía pensar que no todo iba a ser tan fácil.
Poco antes de llegar al centro comercial, escuchó cómo un grupo de motoristas se acercaba a ellos. Al llegar a su altura, se detuvieron, y entonces se asustó. Seis pandilleros rapados al uno y con no muy buena pinta les habían rodeado con sus tres motos, y no parecían tener buenas intenciones. Reconoció entonces al ladrón del que poco antes habían huido, y escuchó que este le decía a sus amigos: "Ahí lo tenéis. Enseñadle por qué no debe hacerse el héroe".
- Vete y busca ayuda, fue todo lo que pudo decirle a su acompañante antes de recibir el primer golpe, en el estómago. El siguiente tardó una décima de segundo en llegar, un derechazo que le dio de lleno en la boca y lo derribó. Ya en el suelo comenzó a recibir patadas y a retorcerse de dolor, hasta que perdió el conocimiento.
Cuando se despertó estaba en el hospital y no podía moverse. Le dolía todo el cuerpo y no conseguía recordar nada. Entonces ella le dijo: "Lo siento". Y se marchó.

