Driving
Querido blog:
Conducir el coche de mi padre me encanta. A pesar de ser muy grande, va realmente suave, la dirección asistida es estupenda, los espejos dan mucha visibilidad, los asientos son cómodos... Pero lo que más me gusta es la sensación que recorre mi cuerpo cuando piso el acelerador: voy por ciudad, tan tranquilo, sin mucho tráfico. Salgo de un semáforo en primera, pongo segunda, luego tercera, y en ese momento voy pisando poco a poco cada vez más. Y noto cómo la adrenalina me sube, mientras el motor se pone a trabajar y una sonrisita se dibuja en mi cara.
La velocidad es una droga muy potente.
Nota: por supuesto, siempre con precaución.


