Microrrelato (I)
Juan notó que algo no iba bien. 96 pulsaciones por minuto cuando llevaba más de una hora sentado en su escritorio no podían ser una buena señal. Conocía perfectamente el motivo, y se conocía sobradamente a sí mismo, así que sabía que solo el tiempo lo relajaría.
Cerró los ojos, respiró profundamente, y trató de continuar su trabajo. Sabía que lo anterior no le serviría de nada, ya que su corazón seguía latiendo a un ritmo de infarto. Únicamente tenía tres palabras en la cabeza: Free your mind. El objetivo marcado se había vuelto imposible, aunque mantuviese una ligera esperanza, y la única solución era olvidarlo.
Ser tan apasionado tenía sus desventajas.

