Six months ago
Querido blog:
Hace más o menos medio año, en la época de los exámenes de junio, mi rutina diaria comenzaba quedando con Jesús para ir a los laboratorios a estudiar. Él solía recogerme en la esquina de la conocida como Calle de las Putas, ya que en dicha calle, de noche, hay mujeres que venden su cuerpo por dinero.
Una mañana, antes de que él llegara (serían las 8:40 más o menos), estaba yo esperándolo cuando se me acercó un hombre y entabló una conversación conmigo:
Hombre: hola, perdona. Verás, me han dicho que por esta zona hay una calle en la que... Bueno, hay mujeres que...
Titoíto: sí, sí. Es esta de aquí.
H: Ah, ¿esta es?
T: Sí, esta misma.
H: Ah. ¿Y cómo va esto?
T: Cómo que cómo va.
H: Me refiero a que si hay que llamar a las puertas o...
T: No, las mujeres (sí, dije mujeres, no dije putas) están en la calle.
H: Ah, ¿entonces se las ve?
T: Sí, se las ve.
H: ¿Y qué están, a todas horas?
T: No, no, por las noches.
H: Entonces, si yo llego a las 5 de la tarde...
T: No, más tarde. Por la noche. No sé exactamente a qué hora llegan.
H: Ah. Oye, ¿y cómo son las mujeres?
T: Eso ya depende de cada uno.
H: Jeje, ya. Vale, gracias. Es que no sabía yo a quién preguntar por aquí, tú sabes... Tú no eres de aquí, ¿no?
T (pensando, ya estamos...): Sí, sí soy de aquí.
H: Ah, vale. Bueno, oye, pues muchas gracias, voy a darme una vuelta por la calle a ver qué tal.
T: Vale, hasta luego.
Y justo en ese momento llegó Jesús. Me monté en el coche y le dije: illo, illo, qué fuerte, ¿ves a ese hombre que va por ahí? Sí, me dijo, ¿qué pasa? Verás, le contesté, resulta que se me ha acercado y me ha dicho "Hola, perdona...".

