De vuelta al gimnasio
Querido blog:
La primera vez que me apunté al gimnasio tenía 14 añitos. Sí, lo sé, demasiado joven. Estuve un mes y medio, en verano, y ni siquiera recuerdo el motivo que me impulsó a meterme. El caso es que durante cerca de un mes mi rutina matinal era jugar al tenis de 9 a 10, y luego sobre las 12 ir al gimnasio. Un chico pura fibra, vaya.
La siguiente vez estuve más tiempo: fue también en verano, cuando tenía 16 años. Me apunté 4 meses (gracias a la oferta de 3 + 1 gratuito), y luego en octubre renové otros cuatro meses. Sin embargo, empecé 1º de bachillerato, el primer trimestre no me fue bien, luego caí enfermo y finalmente lo acabé dejando. Fue cuando tuvo lugar esta historia.
A los 18, en el verano de selectividad, volví, de nuevo con la oferta de 3+1. Sin embargo, empecé la carrera y tuve que abandonar todas mis actividades extraescolares.
En el verano de 4º a 5º, con 22 años, me apunté por cuarta vez. Esta vez también fue algo veraniego, ya que empezó el curso y tuve que dejarlo. Pero también me ocurrió una historia graciosa.
Antes de ayer volví a apuntarme al gimnasio. Al mismo de siempre y por quinta vez. Sin embargo, esta vez no ha sido en verano (de hecho, tengo pagado hasta mediados de junio, estupendo para la operación bikini), ni con una edad par (ha sido mientras escribía este post que me he dado cuenta de que debí apuntarme en el verano de 2º a 3º, con 20 años, para no romper la armonía. En realidad creo que me lo planteé, pero tuve que posponer todos mis planes por la operación).
Ayer tenía unas agujetas tremendas en los triceps, pero no escarmenté y volví a meterme caña. Así que por la noche me dolían tanto los brazos que no sabía cómo colocarme para poder dormirme. Es más, me he levantado un par de veces por el dolor. Y esta mañana me he dado cuenta de que las agujetas se habían extendido a los biceps.
Bueno, pues sigo sin escarmentar y en una horita me voy de nuevo.

