Minirrelato
Querido blog:
Estaba harto de esa situación. Se dio cuenta de que tenía que acabar con ella como fuera, pero no sabía cómo. No podía decirle la verdad, porque le haría muchísimo daño. Pero nunca antes le había mentido, y no quería que eso cambiara en la que, preveía, sería su última charla con ella.
Cada día sentía cómo se iban separando un poco más. Estaba pasando de ser una amiga, una gran compañera de ese viaje que era para él la vida, a tan solo una conocida. Ya no sabía cómo llamar su atención ni qué hacer para verla. Sus ritmos de vida no coincidían y le era imposible concertar una cita con ella. Su corazón se desgarraba por dentro cada vez que pensaba cómo, efectivamente, cualquier tiempo pasado fue mejor.
Se conocieron siete años atrás, cuando entró como guitarrista en su grupo de música. Laura era la creadora, compositora, cantante y líder del mismo. Tenía una voz sublime y una personalidad tremenda. Defendía a muerte sus ideales, creía que la verdad estaba por encima de todo y siempre hacía ver su punto de vista, aceptando que no todos pensarían igual que ella.
Cinco minutos tocando delante del resto del grupo (compuesto además por un batería, un teclista y una bajista, amiga de la infancia y la que recomendó su incorporación) fueron suficientes para que Juan pasara a formar parte del mismo. Más ilusionado que nunca, se hizo con las partituras de las diez canciones que, hasta ese momento, habían compuesto. Tras una semana ensayando a todas horas, se las aprendió de memoria e incluso modificó una de ellas, pero no llegó a mostrársela al resto del grupo, pues incluía un solo de guitarra demasiado virtuoso y no quería dar una mala primera impresión. Cumplió los plazos a la perfección, pues al cabo de un mes se embarcarían en la primera gira importante del grupo, que los llevaría a recorrer toda la geografía de Andalucía: dieciséis conciertos en ocho provincias, dos por semana, que en el futuro él recordaría como los dos mejores meses de su vida.
Ensayaba con el grupo tres veces por semana, dos horas por sesión. Durante los ensayos, apenas interactuaba con ellos. Se limitaban a tocar, y parecían querer llegar a la perfección: todos se concentraban por completo, no hacían bromas y se desesperaban cada vez que desafinaban un poco. A Juan tanta tensión le hizo plantearse si era eso lo que buscaba. La música era para él un entretenimiento, un hobby. Tenía la sensación de que, si continuaba así, acabaría odiándola.
Afortunadamente, todo cambió en cuanto cargaron la furgoneta y se dirigieron a su primer destino: Almería. Las cinco horas de viaje se le pasaron volando, y comprobó que había una maravillosa sintonía entre los cinco. Al llegar al bar donde tocarían esa noche, afloraron los nervios por primera vez. Las dos horas antes de ese primer concierto fueron muy distintas: nadie hablaba más de lo necesario, hicieron mil pruebas de sonido y cuidaron hasta el más mínimo detalle. Justo antes de empezar a tocar, nadie hubiese dicho que eran ellos los que amenizarían la estancia de cincuenta personas en aquel tugurio. Ni siquiera se atrevían a mirarse entre ellos.
Tal era la tensión que en la primera canción tocaron un poco agarrotados. Sin embargo, tras ver la reacción del público, se fueron soltando poco a poco y acabaron el mismo disfrutando más que los propios oyentes. Tras la hora y cuarto que duró, recogieron todo el material, lo cargaron en la furgoneta, y fue Juan el encargado de llevarlo todo al hotel junto a Laura.
Aquella noche comenzó todo.
Nota: me enrollo más que las persianas. El título original del post era "microrrelato", pero se ha alargado más de la cuenta y no he llegado al meollo de la cuestión. Lo seguiré otro día. O no :P

